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Atardecer @ Culebra (Taken with instagram)
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OctJust writing… (junio 2010 @ Costa Rica)
Lo que narraré a continuación, no será muy profundo, ni utilizaré palabras elaboradas o rebuscadas, simplemente soy yo…
El 30 de junio de 2010 (hoy), estaba comiendo en el Mall San Pedro en Costa Rica acompañada por Wilmarie y Ana Paola (mis roomates). Ordené un sub de 6” de pavo, pan: avena dulce, doritos: ‘baked’ (de hecho tengo una teoría de que la diferencia en calorías no es realmente porque sean horneados, sino porque 4/5 partes de la bolsa está compuesta de O2. Mírame, tratando de parecer científica, cuando me estoy colgando en una clase de Biología que estoy tomando en la Universidad de Costa Rica). Bueno, y finalmente para endulzar la cosa: pedí una galleta de chocolate. “Tiene un total de: “3,875 colones”. Automáticamente, mientras le daba mi VISA y mi cédula (“ID” en Puerto Rico) por mi mente corrió: “¿Por un sándwich de jamón de pavo, una rebanadita de queso y sólo lechuga, acabo de pagar $8?”. Bueno, ignorando ese pensamiento y con mi panza crujiendo de hambre me senté a comer.
Wilmi, Paupis y yo estábamos, como siempre, riéndonos de nuestras ridiculeces, que hasta me ahogué con el Té frío (sí, sí, nada de “iced tea”). De hecho, ¡cuán brutal es que Dios haya creado la risa! Para mí es uno de los regalos más originales y creativos que Él se pudo haber inventado. He descubierto que una sonrisa es capaz de cambiarle la vida a alguien, y de darle color al mundo, (que bastante que lo necesita en estos momentos). [Es más, debemos aprender a reírnos de nosotros mismos de vez en cuando.]
Ok, sí, sé que te debo tener medio enredado, y es que en mi mente se entrecruzan muchos pensamientos a la vez. Te estarás preguntando ¿qué exactamente es lo que me quiere decir está chiquilla (como dicen acá)? Pues no, no es que te quiera contar de mi día, ni de qué comí, ni de cuánto pagué, ni de Biología. Todo esto lleva a que, mientras Paupis le contaba a Wilmi, tripeándome, algo que pasó en mi vida hace exactamente 4 años atrás, mi cabeza comenzó a correr. Me desconecté, y ya no estaba en el 2010, sino estaba allí viéndome en el verano del 2006, y sólo escuchaba las carcajadas de ellas a lo lejos. Rápidamente, abrí mi bulto, saqué una libreta y comencé a escribir todo lo que estaba pasando por mi cabeza.
¿Qué pasó en el verano del 2006? Una de mis profesoras de undécimo (grado del que acababa de salir) me escogió a mí y a otros estudiantes (entre ellos Paupis y la gemela de Wilmi) para participar del “FTE: Economics for Leaders”. Quizás ese título no suene muy emocionante, pero te adelanto que ha sido una de las mejores experiencias de toda mi vida. Parte de mi liderato se desarrolló en la semana que estuve en ese campamento.
Se dividía en dos áreas principales: Economía (que era en la mañana) y Liderazgo (se daba en la otra mitad del día). En esta última hicimos muchas dinámicas increíbles. Específicamente alrededor de una de ellas es que se enfoca lo que te quiero contar. Nos dijeron: “pónganse ropa cómoda”. Así que allí estaba yo, con mis pantalones de hacer ejercicios grises, una camisa roja de Superman y tenis deportivas (blancas por cierto), lista para la dinámica de esa tarde. Nos vendaron los ojos y, con unas llaves, comenzaron a hacer ruido. El sonido producido por las llaves era nuestro único guía hacia el destino final. Era muy difícil, no sabíamos a dónde nos llevaban y, además, el ruido que provenía de los alrededores provocaba que se perdiera el sonido que debíamos seguir.
Finalmente, cuando llegamos a nuestro destino, colocaron mi mano derecha en una soga, y me dijeron al oído: “Síguela, no la sueltes”. Mis ojos continuaban vendados y yo estaba aun más desorientada. Sentía que me habían dejado sola, pérdida… Ya no se escuchaban ruidos en los alrededores. Obedientemente, me aferré a la soga y comencé lentamente a caminar. De momento la soga dejó de estar al nivel de mi cintura, y bajó hacia el suelo. Recordé las palabras que me dijeron al comenzar: “síguela, no la sueltes”. Mientras mi mano derecha seguía aferrada a la soga, con mi mano izquierda toqué adelante para ver qué había y saber así por qué la soga bajaba tanto. Llegué a la conclusión de que era un banco de cemento. Así que me acosté en el piso y, aún sin soltar la soga, comencé a arrastrarme por debajo de dicho banco. Sentí como mis pantalones de algodón absorbían la humedad de la tierra. Salí y me paré junto a la soga (que subió hacia su posición inicial). Seguí caminando. Luego, escuché que la misma voz me dijo al oído: “cuidado con el árbol que está adelante”. Me sentí aliviada porque descubrí que no estaba sola y que alguien cuidaba y velaba mi travesía.
Debo decirte que el camino no era liso, sino que tenía raíces levantadas, piedras, entre otras cosas. Al poco tiempo, la soga nuevamente bajó. ¡Otro banco! ¿Cuántos fueron en total? No me acuerdo, creo que fueron tres. Cada vez que pasaba por debajo de estos bancos, parecía una eternidad, como si nunca fuera a salir. Noté algo muy peculiar, las veces que me tocaba arrastrarme como un gusanito, el silencio era sustituido por unas carcajadas. Pude percibir que venían de los staffs. Me pregunté: ¿me estarían tripeando a mí, o era sólo cierto sentido de persecución de mi parte? (Mejor me contestas tú esta pregunta cuando te termine de contar la historia.) Sin embargo, realmente estaba tan extenuada, con rasguños en los brazos y tan sucia, que las risas no eran mi mayor preocupación.
Escribirlo es sencillo y rápido, pero esto duró como de 45 minutos a una hora. Al final, nuevamente la misma voz me dijo: “¡Muy bien, lo lograste! Cómete esto (poniendo en mi manos unos dulces) y siéntate aquí a descansar”. Teníamos que permanecer con las vendas hasta que todo el mundo terminara. Al final nos mandaron a quitárnoslas para que viéramos el camino que recorrimos. De repente miro a mí alrededor, y veo que todos los demás estaban limpios. Acto seguido, me fijo sorprendida en el cambio de color de mis pantalones y tenis. ¡Sí, eso mismo que está pasando por tu mente fue lo que ocurrió! Yo fui la ÚNICA que pasó por debajo de todos los bancos. Así que ya puedes contestarte a qué se debían las risas cada vez que yo, inocentemente, me arrastraba por el piso para no soltar la soga. Con razón cuando me arrastraba me pasaba por la mente: “contra, cómo harán para pasar por aquí la gente que no es chiquita como yo.”
Volvamos al Mall San Pedro. Cuando Ana Paola le contaba a Wilmarie esta historia, sentí como Dios depositaba en mi mente unos pensamientos que me confrontaron. Y es esa la razón por la cual no puedo estudiar de mi examen de Finanzas y de Biología hasta que plasme todo lo que ha venido corriendo por mi mente desde que terminé mi sándwich de Subway. ¿Qué tal si recorres la dinámica desde el comienzo conmigo?, pero no relajándome por mi ingenuidad, sino desde una perspectiva distinta.
¿Recuerdan que les dije que dejarnos guiar por las llaves no fue muy sencillo, porque el sonido a veces se perdía por los ruidos externos? ¿No nos pasará exactamente esto mismo con Dios? En mis oraciones siempre le pido que por favor me deje escuchar su voz. Hoy, Dios me hizo entender algo muy importante en el mall, y me lo reafirmó hace unas horas, cuando alguien me contó sobre un versículo de la Biblia que leyó en el tren. Llegué a la conclusión de que Dios siempre nos habla, hasta en el tren o en el mall, aunque a veces sintamos que no lo escuchamos, simplemente no sólo se trata de agudizar nuestros oídos, sino también de agudizar nuestro corazón. Dios nunca está muy ocupado como para no poder hablarnos y escucharnos.
Se me dificultaba seguir y escuchar las llaves por los ruidos del alrededor. Así mismo somos nosotros quienes permitimos que el ruido que nos rodea aplaque la voz de Dios. Y yo me pregunto, ¿por qué seguimos dejando que el mundo nos desenfoque o desvíe nuestro caminar? Para poder vivir conforme a la voluntad de Dios, primero tenemos que acallar todas las voces que intentan confundirnos, y afinar nuestro oído y nuestro corazón hacia lo que Dios nos quiere decir. Muchas personas nos aconsejarán, nos darán ideas… o la misma sociedad pondrá en ti los sueños clichosos que todo el mundo desea alcanzar, pero, ¿son estos conforme a los planes que Dios tiene para ti? ¿No te ha pasado que a veces haces o dejas de hacer cosas que por agradar a alguien más? Te digo, ¡deja de gastar tus fuerzas en agradar al mundo, a los demás,…!, porque ¿te digo algo?, nunca lo lograrás. A veces nos preocupamos más por lo que pensará el de al lado, que por lo que pensará Dios de nosotros. En Gálatas 1: 10 dice: “¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.” No fuimos hechos para amoldarnos… “Los trofeos que nos ofrece el mundo sólo brillan durante una temporada”.
“Úsame, quiero ser una herramienta útil para ti”, esta es otra frase que le he dicho mucho a Dios. Y aquí viene la pregunta: ¿Utilizarías tú una herramienta cubierta en moho, un martillo con su cabeza floja, un nivel desalineado, una pintura dañada (de esas que dejan un olor extraño en la casa como por tres semanas [sobre esta última pregúntale a mi daddy, él sabe de lo que hablo])? ¿Quién puede construir o arreglar algo con herramientas así? ¿A dónde voy con esto? No podemos esperar que Dios nos use en su obra si no somos herramientas útiles… si no vivimos conforme a su corazón. Y no es que tienen que ser herramientas perfectas, o de las marcas más caras de Sears… Es decir, no tienes que saber predicar, saberte de memoria 100 versículos de la Biblia, o tener experiencia en los asuntos de Dios (Él no mira un resumé…). Para ser herramientas útiles para Dios, lo que simplemente tenemos que hacer es abalanzarnos en sus brazos, AMARLO (no con sentimientos, sino con decisión), y anhelar hacer su voluntad, para que podamos trabajar en la tarea que nos delegó, en sus planes (te sientas capacitado o no). Para lograr esto no podemos vivir camuflados entre la multitud y no podemos permitir que el mundo nos distraiga…
Una vez decidamos quitar las distracciones que nos alejan de Dios, entonces Él podrá agarrarnos de la mano y nos llevará por el camino que debemos transitar. ¿Camino? Ok, ya logramos silenciar las voces y queremos ser herramientas útiles para Dios. Entonces, hay otra condición para lograr serlo: te tienes que arriesgar a pasar por debajo de los bancos, vendado, ensuciarte, y bajo ninguna circunstancia soltarte de la soga… ¿Te has fijado que siempre en las películas hay un personaje bueno y otro malo? ¿Han notado que siempre al bueno se le hace más difícil su travesía, pero al final tiene una buena recompensa, y el malo casi siempre muere? Quizás era mucho más fácil tomar la opción de darle la vuelta al banco y buscar la continuación de la soga. Quizás es mucho más fácil seguir la corriente del mundo, quizás es mucho más sencillo pasarla bien si me emborracho, quizás sea menos difícil tener relaciones sexuales con el muchacho que me gusta… Quizás sea fácil “soltarnos” por un momento de Dios, pensando que podemos regresar cuando queramos. Sin embargo, en 1 Corintios 10:23 dice algo que me encanta: “Todo me es lícito (permitido), pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.” Y en Proverbios 14:12 dice: “Hay camino que al hombre la parece derecho; pero su fin es camino de muerte.”
¿Qué implica no soltarte de la soga? Permanecer bien agarrado de la mano de Dios. ¿Vendado? Que aunque no sepas por donde Dios te está llevando, confíes en Él, y sepas que estará velando tu journey, para avisarte y ayudarte cuando haya un árbol delante de ti. ¿Qué habrá gente que se reirá, que no te entenderán, que le parecerá absurdo lo que haces; o incluso que te sentirás cansado de hacer lo mismo? Por supuesto que sí. Sin embargo, somos nosotros los que decidimos subir un escalón más, seguir adelante, o quedarnos estancados en las raíces que hay en el camino. Para mí, pasar por debajo de los bancos fue toda una aventura. He aprendido que hay obstáculos en la vida, pero que estos la hacen más interesante, y son los que me enseñan a ser paciente, a esperar, a no darnos por vencidos. Soy yo quien decido tomar el camino fácil, o asumir el reto de ir por el que tiene raíces levantadas, piedras, entre otras cosas. Lo brutal de tomar este último es que mientras no te sueltes de la soga no habrá manera de que te pierdas, y verás que cada piedrita en el camino valdrá la pena. Dios nos ha dado la libre voluntad de decidir si andamos junto o alejados de él… No dejes de aferrarte a él y de darle el espacio que sólo él se merece… No olvides que el camino más frecuentado, el más popular… es fácil de seguir, y es que parece ser seguro simplemente por la cantidad de personas que lo transitan.
He descubierto que no existe otra manera de vivir que tenga sentido, que no sea estando cerca de Dios. El pensar que él conoce hasta la última célula de mi cuerpo y mi corazón como nadie, me da paz. Me dice que siempre estará ahí para mí, que él no me mira como el mundo, sino con ojos puros. Que a él no le importa si estoy flaca o gordita, con maquillaje o acabándome de levantar, con perfume, con ropa linda… Y que no importa cuántas veces me trastabille y caiga en el camino, el siempre estará dispuesto a enrollarse las mangas y sacarme del boquete en que me encuentre. Yo estoy dispuesta a seguirlo agarrada de su mano, aunque no sepa hacia dónde me lleva, a escuchar su voz, a ser una herramienta útil para Él, a pasar por debajo de los bancos que tenga que pasar, a aprender lo que tenga que aprender…, a ir tras los sueños que él puso en mi sin dejar que el miedo me paralice. Una persona muy sabia me dijo: “a veces nos da miedo el saber qué viene próximo en nuestras vidas. That’s why God doesn’t show us all our future, just some previews. El hombre tiene idea, Dios tiene TODO.”
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Oct"Our greatest fear should not be of failure but of succeeding at things in life that don’t really matter."
- Francis Chan -
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SepHace tiempo no ‘postiaba’ nada por aquí. He estado ocupada con tantas cosas: universidad, trabajo, la iglesia… y extraño mucho poder tener tiempo de meramente sentarme a escribir por horas. Pero quise tomarme un momento para subir este ‘movie maker’ que hice para una fiesta de aniversario muy especial (aunque acabo de ver que la resolución al subirlo a youtube se volvió la peor del universo).
Bueno, pues ayer mis papitos hermosos renovaron sus votos de 25 años de casados. La ceremonia quedó hermosísima, en la fiesta la pasamos increíble, sumergidos en risas, lágrimas, fotos, buena música, comida, familiares, amigos, de todo un poco…
Debo decir que mis papás son mi ejemplo y mi orgullo. Son evidencia de que, aún en estos tiempos que estamos viviendo, si se puede mantener un matrimonio con esfuerzo, perseverancia, paciencia, dedicación y entrega. Yo quiero un matrimonio como el de ellos, ¡para toda la vida!…
Y creo que para lograr esto es necesario entender lo que es el verdadero amor que 1 Corintios 13:4-7 describe: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” Esas palabras se oyen hermosas, y muchos nos sabemos esos versículos de memoria. Sin embargo, no es tan fácil ponerlas en práctica.
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Aug“Sólo hay dos ministerios en misiones, o eres llamado para “bajar al pozo”, o eres llamado para sostener la cuerda a quienes han bajado.”
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Cielo y Asombro
Algo que cada vez me asombra más es la naturaleza.
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Determinación
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Ya empeze a escribir sobre la experiencia de Colombia. Creo que no la terminaré hoy, quiero...
